Después de haber contemplado la fría mañana, después de contemplar las gotas húmedas en el rostro, despeinando mi vista, encontré una sonrisa triste. Que dulcemente recordaba el pasado.
Habíamos charlado de la vida, de ocasiones donde el aprecio a un sin fin de cosas era inevitable, a entender el porque cada cosa no tiene su lugar.
Aquí me pregunto a diario, ¿debo entender que la vida nos trae aquí para sufrir? o ¿sufrimos siendo esta nuestra respuesta?
Me contengo el llanto al saber cada lado de la moneda.
El vivir consiste en forjar esa ruta donde tu felicidad es la que guía. Perdemos el sentido de valor al amor, al aprecio, a un abrazo al despertar, lo vamos cambiando por un celular, o solo con ignorar la realidad que esta ahí fuera.
Por todas estas razones me cuestiono sin saber lo que mi mente quiere descifrar.
Al cruzar el puente hay techos sin cimientos, hay paredes invisibles, hay almohadas de nidos viejos que el viento fue destruyendo con el tiempo.
Veo siluetas de humanos, entre ellas el de una vida que no sostiene aliento, solo va llevando almas.
Va cargando culpas que nadie sabe si son ciertas.
Mi sentido al dormir en viento al amanecer me preocupa a tal forma, que mi piel se cae al anochecer, sin dar respuesta.
Veo de lejos lo que pasa en la vida, siendo parte de mi camino, siendo mi momento a reaccionar en diferentes sentidos.
¿Vi alguna vez, de cerca, el acantilado, el precipicio sin arnés?
No veo nada desde que me cegué de injusticia.
Tenerlo todo, y tener nada. Tener nada y quedarte así. Esta idea que me atormenta sin dejarme dormir.
Esta historia, me conmueve, que brotan mis lagrimas, mi voz se entrecorta.
Llegar al espacio vacío donde eres pigmeo ante gigantes desalmados, esconderte en el caparazón para vivir. Continuar caminando, mientras tus huellas las borran por desquicio. Duele esa mirada perdida, atormenta que existan dos lados de la moneda, y se vea tan solo el que brilla. Dejando aun lado la noche que tiene hambre de vivir el día.
Aun anhela, y los nervios, y la ansiedad son parte de si. Son moléculas de bondad las que siguen de pie, las que van caminando y no ven que depare al amanecer.
Por todo esto mi mente divaga, al caminar, al ver pasar marionetas desfilar, al tener de cerca la fría realidad, que de golpes te enseña a vivir, una vez mas, en esta gran ciudad.
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